¿Por qué las dirigencias renunciaron a la ofensiva estudiantil?

¿Por qué las dirigencias renunciaron a la ofensiva estudiantil?
Hace poco más de un mes se iniciaron las movilizaciones estudiantiles de este año, más conocidas como “la ofensiva del movimiento estudiantil”. Más allá de consignas y acciones mediáticas, la materialidad de la ofensiva ha sido el llamado a paros indefinidos que hace la Confech, el cual es acogido por un importante número de universidades y liceos, sin embargo el calendario de movilizaciones convocadas por las dirigencias no ha alterado su ritmo, tenemos la marcha no autorizada de los secundarios el 26 de mayo, la marcha confech el 9 de junio y la próxima del 23, a todo esto le podríamos sumar otras intervenciones más creativas de las facultades y liceos movilizados, pero estas son las iniciativas de los espacios de bases, si hablamos del papel de las dirigencias podemos decir con toda propiedad que la ofensiva no ha sido real, no se ha radicalizado la convocatoria a movilizaciones.
Más aún, luego de la clara demostración de fuerza y provocación hacia los estudiantes que significó la reunión con el Mineduc del 10 de junio, en donde no nos cuentan nada nuevo ni mucho menos algo definitivo, donde además impresiona la falta de seriedad de los documentos mostrados, nuestras dirigencias en vez de responder con un llamado a radicalizar nuestra movilización y la convocatoria a paros nacionales o jornadas de protesta, salen solo a criticar el contenido de la reunión y convocar las mismas marchas cada dos o tres semanas que se vienen haciendo desde 2011. Además, ahora las dirigencias en su conjunto claudican frente a la criminalización del movimiento que impulsa el gobierno y los medios al cancelar la marcha secundaria del 15 de junio. Pero ¿cuál es la explicación de esta capitulación de la ofensiva estudiantil?
Las dirigencias ya obtuvieron lo que querían de esta coyuntura
Denunciamos que la principal razón tras la renuncia a impulsar una real ofensiva por parte de las dirigencias estudiantiles es que ya obtuvieron lo que querían de esta coyuntura de movilizaciones. Teniendo en cuenta el estado actual del fuerza del movimiento estudiantil, las dirigencias siempre apostaron solo a ganar dos o tres puntos e incorporarlos a la reforma, estos son conocidas como las “demandas estratégicas” que son: 1. El aumento gradual de la matrícula estatal 2. democratización 3. pena de cárcel para el lucro.
Sobre el primer punto, Izquierda Autónoma lo viene negociando hace meses en reuniones que sostiene con el Mineduc, su propuesta es que a 2020 la matrícula estatal en ESUP llegue al 50%. Consideraron que ganaron este punto cuando en el cónclave de la Nueva Mayoría realizado el 2 de junio se anunció que no se descarta incluir que la matrícula estatal aumente gradualmente y llegue al 50%, pero en 10 años. Este supuesto avance se relativiza al máximo dado que ya están en creación 15 CFT y 2 nuevas universidades estatales, por lo que los avances graduales en matrícula estatal de los próximos años se entenderán cumplidos por estas medidas ya aprobadas el año pasado y anunciadas desde la campaña de Bachelet. Por otro lado, debido al caso de la promesa de la gratuidad, sabemos de sobra que el gobierno se desdice de sus anuncios en cuanto tiene una excusa para , por lo que una promesa a 10 años se diluye completamente. En realidad a las dirigencias les basta que este punto se anuncie como parte de la reforma, aunque no exista un aumento real, para que luego puedan seguirlo planteando en los próximos años.
Sobre el punto 2, de la democratización, en la reunión del 10 de Junio el Mineduc planteó que habrá una democratización para las universidades estatales y se “sugerirá” lo mismo para las privadas. Por el caso de La Chile bien sabemos que esta democratización no es más que un par de votos en un consejo superior -consejo universitario- y un porcentaje marginal en un consejo normativo -senado universitario-. Cabe mencionar que esto es un retroceso sobre la primera promesa del gobierno cuando planteó que toda institución que reciba financiamiento estatal tendrá como condición tener un gobierno democrático, lo que recordemos fue rechazado por el tribunal constitucional en la última glosa presupuestaria de gratuidad.
El punto 3, de pena de cárcel para el lucro, la Ministra dijo en la reunión del 10 de junio que ese punto no iba en la reforma. Ante esto, el 20 de junio diputados de la Nueva Mayoría con el PC a la cabeza proponen un proyecto de ley aparte que penaliza el lucro con cárcel. Que esto no sea más que un voladero de luces y realmente se promulgue es al menos dudoso.
En conclusión, las dirigencias no plantean luchar ni siquiera por el ya sumamente moderado petitorio Confech, sino que por “instalar” estos dos o tres puntos en la reforma del gobierno, con esto saldrán a decir que pudimos “avanzar en esta coyuntura”.
El gradualismo como conciliación con los empresarios de la educación
Estos puntos e incluso el resto de las demandas de la Confech son expresión del consenso moderado porque ninguna apunta realmente a la eliminación del mercado en la educación y asumen el gradualismo en los cambios al sistema educativo. El gradualismo es lo contrario a hacer cambios radicales, es cambiar o “avanzar” poco a poco para que todos los actores e instituciones se vayan ajustando sin mayores sobresaltos, es decir, que los resultados y escenario sean previsibles para todos. En un escenario donde el mayor actor, pilar del mercado en la educación y enemigo del movimiento estudiantil, son los empresarios de la educación, realizar cambios graduales significa en los hechos una conciliación entre el movimiento estudiantil y los empresario. La gratuidad es el mejor ejemplo, el movimiento estudiantil obtiene gratuidad y los empresarios de la educación obtienen todo ese financiamiento por gratuidad que va directamente a sus bolsillos en las universidades privadas, como se ve, ambos “ganan”.
Lo que no comprenden quienes dicen querer asfixiar al mercado en la educación pero defienden cambios graduales, es que la tendencia de todas la políticas en educación desde la dictadura a la fecha es la mayor privatización y mercantilización del sistema, tendencia que sigue su curso con la gratuidad que llena los bolsillos de los empresarios de la educación en un sistema con un 85% de matrícula privada. Todo cambio gradual es en los hechos no alterar esa tendencia, porque si ganan los empresarios y los intereses privados en la educación, siempre se verá fortalecida o al menos mantenida esa tendencia mercantilizadora. Aun cuando proyectemos estos cambios graduales a largo plazo, mientras existan los empresarios de la educación -y peor aún se fortalezcan como con esta reforma- serán capaces de revertir todo “avance” en una coyuntura más favorable o cuando no existan movilizaciones, porque ellos tienen el poder a menos que se los quitemos.
Si realmente queremos eliminar el mercado de la educación tenemos que romper con esta tendencia mercantilizadora, lo que no significa otra cosa que eliminar a nuestros mayores antagonistas, los empresarios de la educación, y para esto no hay otra forma que estatizar a las instituciones privadas de educación, es decir, expulsarlos del sistema. Es por esto que debemos rechazar el gradualismo, que por más “avances” que intente mostrar no es más que una conciliación con el sistema de mercado y los empresarios de la educación. Si queremos eliminar el mercado, debemos romper con la reforma del gobierno, el mercado y eliminar a los empresarios de la educación.
La falsa discusión táctica actual
Se trata de ocultar la fragua de este arreglín con una supuesta discusión táctica que hoy se instala en asambleas y espacios de representación. Dentro del consenso moderado que ya hemos denunciado anteriormente, las fuerzas progresistas -IA, FEL y UNE- plantean retrasar la entrada del proyecto al parlamento y tener instancias pre legislativas con el gobierno. Por otro lado Las Juventudes Comunistas quieren que la reforma sea ingresada lo antes posible y que la discusión sea parlamentarizada. La explicación detrás de esta supuesta diferencia táctica es simple, en el caso de las fuerzas progresistas, al no contar con representación en el parlamento, se tienen que jugar todas sus fichas antes de que la reforma entre al congreso, para que el diálogo sea entre dirigencias y gobierno, en el caso de las JJ.CC. al tener diputados y ser parte de la Nueva Mayoría, podrán quitarle protagonismo a las dirigencias estudiantiles progresistas cuando el proyecto entre al parlamento y posicionarse cuando el debate se dé entre los diputados y senadores.
Frente a este escenario de moderación, gradualismo y renuncia a impulsar una real ofensiva, para luchar por una nueva educación gratuita, estatal, de calidad y donde los profesionales y el conocimiento estén al servicio del pueblo, los estudiantes consecuentes debemos romper el consenso moderado, romper con el Gobierno, su reforma y los empresarios de la educación. Debemos impulsar una ofensiva radical contra la reforma del gobierno, tanto en demandas como en formas de lucha.
¡A ROMPER EL CONSENSO MODERADO, OFENSIVA RADICAL CONTRA LA REFORMA DEL GOBIERNO!

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