Fidel Castro: “La Historia me Absolverá” [Lectura Recomendada]

Fidel Castro: “La Historia me Absolverá” [Lectura Recomendada]

“La historia me absolverá” es el alegato de defensa de Fidel Castro que fue expuesto en el juicio en su contra realizado después del asalto del Cuartel Moncada en el 26 de julio de 1953. En este documento Fidel describe con claridad la realidad Cubana como una economía primaria exportadora:

“Más de la mitad de las mejores tierras de producción cultivadas está en manos extranjeras. En Oriente, que es la provincia más ancha, las tierras de la United Fruit Company y la West Indies unen la costa norte con la costa sur. Hay doscientas mil familias campesinas que no tienen una vara de tierra donde sembrar unas viandas para sus hambrientos hijos y, en cambio, permanecen sin cultivar, en manos de poderosos intereses, cerca de trescientas mil caballerías de tierras productivas. Si Cuba es un país eminentemente agrícola, si su población es en gran parte campesina, si la ciudad depende del campo, si el campo hizo la independencia, si la grandeza y prosperidad de nuestra nación depende de un campesinado saludable y vigoroso que ame y sepa cultivar la tierra, de un Estado que lo proteja y lo oriente, ¿cómo es posible que continúe este estado de cosas? Salvo unas cuantas industrias alimenticias, madereras y textiles, Cuba sigue siendo una factoría productora de materia prima. Se exporta azúcar para importar caramelos, se exportan cueros para importar zapatos,. se exporta hierro para importar arados […]”

Fidel_Castro_under_arrest_after_the_Moncada_attackEn Cuba se había desarrollado una industria agraria a partir del monocultivo del azúcar, el cual era el único producto que exportaba. Esto tenía como consecuencia una fuerte dependencia de capitales y tecnología de Norte América. Por lo que, pese a que hubo un crecimiento económico debido a la expansión del cultivo de la caña de azúcar, existía a su vez una fuerte marginación social a la sombra de este boom. Los capitales que generaba la industria azucarera no eran invertidos en el desarrollo de una industria nacional, sino al contrario se dedicaban en otorgar a los grandes capitales una vida al estilo norteamericano. Mientras La Habana vivó sus años de modernidad, con grandes tiendas y productos estadounidenses, en el campo existía un fuerte retraso, desempleo, campesinos sin tierra, malnutrición, salubridad insuficiente y analfabetismo. Fidel fue capaz de leer e interpretar los principales problemas del pueblo cubano, los que resume en “La historia me absolverá” en 6 puntos: El problema de la tierra, el problema de la industrialización, el problema de la vivienda, el problema del desempleo, el problema de la educación y el problema de la salud. Estas condiciones se vieron aún más agravadas cuando en 1952 se produjo el golpe militar de Fulgencio Batista, que es claramente relatado en “La historia me absolverá” por Fidel:

“Había una vez una república. Tenía su Constitución, sus leyes, sus libertades, Presidente, Congreso, tribunales; todo el mundo podría reunirse, asociarse, hablar y escribir con entera libertad. El gobierno no satisfacía al pueblo, pero el pueblo podía cambiarlo y ya sólo faltaban unos días para hacerlo. Existía una opinión pública respetada y acatada y todos los problemas de interés colectivo eran discutidos libremente. Había partidos políticos, horas doctrinales de radio, programas polémicos de televisión, actos públicos, y en el pueblo palpitaba el entusiasmo. Este pueblo había sufrido mucho y si no era feliz, deseaba serlo y tenía derecho a ello. Lo habían engañado muchas veces y miraba el pasado con verdadero terror. Creía ciegamente que éste no podría volver; estaba orgulloso de su amor a la libertad y vivía engreído de que ella sería respetada como cosa sagrada; sentía una noble confianza en la seguridad de que nadie se atrevería a cometer el crimen de atentar contra sus instituciones democráticas. Deseaba un cambio, una mejora, un avance, y lo veía cerca. Toda su esperanza estaba en el futuro. ¡Pobre pueblo! Una mañana la ciudadanía se despertó estremecida; a las sombras de la noche los espectros del pasado se habían conjurado mientras ella dormía, y ahora la tenían agarrada por las manos, por los pies y por el cuello. Aquellas garras eran conocidas, aquellas fauces, aquellas guadañas de muerte, aquellas botas… No; no era una pesadilla; se trataba de la triste y terrible realidad: un hombre llamado Fulgencio Batista acababa de cometer el horrible crimen que nadie esperaba”

Es en este contexto que un grupo de hombres se organizó para realizar la toma del Cuartel Moncada en Santiago de Cuba con el objetivo de derrocar al dictador. Fidel Castro era el líder de este grupo que se denominó “Movimiento 26 de julio”. Y aunque esta acción resultó fallida, si logró cumplir con su objetivo: fue el detonante que avivó la conciencia del pueblo cubano y su lucha por acabar con la tiranía y el retraso.

De ahí viene la importancia del alegato de defensa “La Historia me absolverá” que fue preparado por Fidel mientras estuvo detenido preparando el juicio en su contra. Este documento cobra relevancia porque no sólo hacía referencia a los crímenes cometidos por el ejército cubano después de la acción y a la forma en que se planificó el asalto, sino porque constituye una vivaz denuncia de los problemas sociales que afectaban al país y de las medidas que debían tomarse por parte del pueblo para empezar a tejer su prospero futuro. Fidel expone no sólo los fundamentos del grupo de jóvenes que decidió efectuar el asalto sino lo que entiende como “la lógica sencilla del pueblo”. Su alegato no sólo se basa en su propia defensa en términos jurídicos, sino sobre todo en la defensa de los intereses del conjunto del pueblo en términos políticos:

“Nosotros llamamos pueblo si de lucha se trata, a los seiscientos mil cubanos que están sin trabajo deseando ganarse el pan honradamente sin tener que emigrar de su patria en busca de sustento; a los quinientos mil obreros del campo que habitan en los bohíos miserables, que trabajan cuatro meses al año y pasan hambre el resto compartiendo con sus hijos la miseria, que no tienen una pulgada de tierra para sembrar y cuya existencia debiera mover más a compasión si no hubiera tantos corazones de piedra; a los cuatrocientos mil obreros industriales y braceros cuyos retiros, todos, están desfalcados, cuyas conquistas les están arrebatando, cuyas viviendas son las infernales habitaciones de las cuarterías, cuyos salarios pasan de las manos del patrón a las del garrotero, cuyo futuro es la rebaja y el despido, cuya vida es el trabajo perenne y cuyo descanso es la tumba; a los cien mil agricultores pequeños, que viven y mueren trabajando una tierra que no es suya, contemplándola siempre tristemente como Moisés a la tierra prometida, para morirse sin llegar a poseerla, que tienen que pagar por sus parcelas como siervos feudales una parte de sus productos, que no pueden amarla, ni mejorarla, ni embellecerla, planta un cedro o un naranjo porque ignoran el día que vendrá un alguacil con la guardia rural a decirles que tienen que irse; a los treinta mil maestros y profesores tan abnegados, sacrificados y necesarios al destino mejor de las futuras generaciones y que tan mal se les trata y se les paga; a los veinte mil pequeños comerciantes abrumados de deudas, arruinados por la crisis y rematados por una plaga de funcionarios filibusteros y venales; a los diez mil profesionales jóvenes: médicos, ingenieros, abogados, veterinarios, pedagogos, dentistas, farmacéuticos, periodistas, pintores, escultores, etcétera, que salen de las aulas con sus títulos deseosos de lucha y llenos de esperanza para encontrarse en un callejón sin salida, cerradas todas las puertas, sordas al clamor y a la súplica. ¡Ése es el pueblo, cuyos caminos de angustias están empedrados de engaños y falsas promesas, no le íbamos a decir: “Te vamos a dar”, sino: “¡Aquí tienes, lucha ahora con toda tus fuerzas para que sean tuyas la libertad y la felicidad!”

Entendemos “La Historia me absolverá” como una referencia obligada para entender el proceso de la Revolución Cubana, que tiene su germen inicial el 26 de julio pero que –le guste a quien le guste- aún sigue en pie. Rescatamos este hito, este libro y este proceso porque lo entendemos como ejemplar en Latino-américa, en tanto a partir de una lectura adecuada de la realidad cubana se planteó un método de lucha efectivo, que permitió expulsar efectivamente al imperialismo y a sus súbditos de Cuba e iniciar un proceso de construcción donde los intereses del pueblo son el eje rector.

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Fidel Castro – “La Historia me Absolverá”

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